A mi no me importa el dinero: lo verdaderamente importante es lo que puedo comprarme con él…

¡barracuda!

Nos empeñamos en que el año empieza el 1 de enero, pero yo no estoy muy de acuerdo con ello. O mejor dicho, a lo largo del año vivimos 4 ‘comienzos’, uno por estación ¡mira tu por donde!:

- en enero, con los típicos y tópicos propósitos de año nuevo;
- en Semana Santa, con los propósitos de salir más y ponernos guap@s;
- en San Juan, con el propósito de relajarnos con el verano y las vacaciones, y de hacer todas las actividades que no hemos hecho el resto del año;
- y en Septiembre, con el propósito de que a la vuelta del verano seguiremos relajados, haremos un montón de cosas, pondremos en marcha un montón de proyectos, estudiaremos cosas nuevas, iremos al gimnasio con regularidad, compraremos todos los fascículos de alguna colección…

Personalmente soy partidaria que el año empieza con el curso escolar. Estoy por comprar uvas y serpentinas y la víspera de la ‘vuelta al cole’ celebrar una farra por todo lo alto. Vuelven las horas punta, las actividades extra-escolares, las prisas, el estrés… Y yo con un espantasuegras que no se estira ni suena ¡qué faena!

Las ganas de cualquiera de esos inicios no duran más de 15 días (vale, hay a quien sí le duran más o menos, todo depende), pero inevitablemente cada septiembre rescato estas imágenes de mi memoria (y la canción de tono de móvil) y me repito a mi misma que he de pisar fuerte, y mezclar látigo con morritos si es necesario, para no perder las fuerzas y disfrutar el curso que nos espera.

PD: ¡Mamá! ¿por qué no soy china y tengo un látigo?

Responder