A mi no me importa el dinero: lo verdaderamente importante es lo que puedo comprarme con él…
No me gusta hablar mucho de política española. Sin embargo, adoro la política norteamericana. quizás porque la extranjera no me afecta, la puedo leer como la invitada que soy. Es probable que la cotidianidad haga que la política nacional pierda su glamour.
Probablemente, si viviera en los USA, sabría que en los debates se pacta todo. El color del decorado, el color del traje del presentador-moderador, los pasos que darán los candidatos (en este caso 100) antes de entrar en el plató.
No me gustan este tipo de debates, bipartidistas, como si el resto de las opciones de la democracia en que vivimos no existieran. Me dan la sensación de que me empujan a elegir: ¿cual de los dos es el mal menor?
Las cadenas de televisión lo están disfrutando. Se les nota: todas esas unidades móviles y equipos desplazados les pone. Creo que les encanta escucharse a si mismos, verse a si mismos. Se crecen.
Mas que el debate de las elecciones, parece la fiesta de la televisión. Son más medio de masas que nunca, y lo hacen bien. Lo saben. Programaciones especiales, programas especiales, conexiones en directo y debates post-debate. Algo que llenara las tertulias de la radio, donde el ganador será siempre el candidato de la vertiente política favorita del tertuliano.
Así que pase lo que pase esta noche, nunca sabremos quien ha ganado el debate esta noche. Siempre lo veremos a traves del color de los ojos del que nos lo explique.
Yo tengo mi voto decidido. No soy un voto indeciso, ni dudoso.
Estaré navegando, en lugares placidos, leyendo la última hora de Obama y Hillary.