A mi no me importa el dinero: lo verdaderamente importante es lo que puedo comprarme con él…

El tendedero de mi vecina.

El tendedero de mi vecina. Sus bragas, camisetas, faldas de estampados imposibles (y horribles). Ropa ajada y gris que me esperaba cada mañana frente a la ventana de la cocina acompañándome en el primer café del día.
Hace unas semanas algunas prendas empezaron a encoger. Camisetas holgadas habían dado paso a escotes de vértigo, braguitas minúsculas y tangas habían hecho desaparecer las bragas de cuello vuelto.
Del negro, gris y algo de marrón y beige pasó a los naranjas, verdes, azules, amarillos. El tendedero era un muestrario de pantone. Tomar el café se convirtió en algo más alegre y en una cita casi obligada por las mañanas.
Hasta que un día ya no hubo nada más colgado. En mi buzón encontré una nota : “si tanto te gusta mi ropa ¿por qué no te la quedas?” y una llave. No la utilicé pero le dejé una nota: “siento haberte molestado, simplemente me gusta ver los colores.”.
La última noticia que tuve de ella fue poco antes de que desaparecieran ella y mi pareja: “Mi ropa era gris. Vi la tuya tan viva y distinta que pensé ¿y por qué no? ”
Siempre hay alguien mirando nuestra ropa tendida y nosotros ni la miramos.

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