Ya se, esta noticia nueva, lo que se dice nueva, no es. Pero me sirve de excusa para hablaros de una de las pasiones de esta mujer tic, la Formula 1.
Para no saber apenas nada de coches (y no tener carnet), llevo un corredor de carreras en mi interior: mis juegos favoritos en las consolas son los de carreras, me encanta la formula 1 y me quedo embobada mirando revistas de automoviles online.
Intento aprender de subvirajes, revoluciones y motores, pero mi cerebro no consigue retener ni un solo de los datos: creo que me enamoré de la potencia, de los caballos y de las lineas aerodinámicas. Ante todo, para mi, es un espectáculo de los sentidos. Ver esos monoplazas volando en la pista me excita tanto, que casi huelo las ruedas quemadas y la gasolina en el salón de casa. El rugido de los motores me ensordece, y estoy deseando ir a un campeonato en vivo, solo para llenarme de los sonidos ensordecedores y la locura de ver a corredores a más de 300 km/h.
Adelantamientos imposibles, trazadas de locura y decisiones tomadas en decimas de segundo me conquistaron. Hay que tener algo especial para ser corredor de Formula 1.
Y no, no soy alonsista. Para sorpresa de todos, caí rendida ante Kimi Raikonen. Frio como el hielo, con mala suerte a veces, pero persistente y calculador como buen finlandes, fue el primero que conquisto mi corazón de recién convertida. Kubica de BMW me gusta también, incluso Kovalainen tiene su puntito. Detesto a Hamilton: primero demuestra y luego presume.
MI escudería? La más sexy de todas: la que luce un rojo brillante y un caballo rampante: Ferrari. No tenía escuderia: me gustaban todas, sobre todo Mclaren y BMW. Pero una mañana el Ferrari de Raikonen brillaba al sol mientras destrozaba a todos los demás: volaba bajo, como un cohete, y mi corazón latió de manera diferente. Había descubierto a Ferrari, ahora entendía a los ferraristas. Ferrari es sexy, pasión y corazón, punto y final.
Así que os podéis imaginar mi reacción cuando vi que Hamilton montaba a mi Raikonen en la salida del pit line: lo hubiera matado allí mismo. Además no entendí que coño hacia el idiota este: su coche estaba en su mejor momento, y hacía minutos literalmente volaba en la pista casi sin competencia.
Temí por la reacción de papa Hamilton: te van a dejar sin postre, muchachito. Si sigues así, te vas a quedar como promesa siempre (algo así como Button).
De todos modos, la carrera hubo buenos momentos: ese Massa y su espectacular adelantamiento a dos coches, que me hizo aplaudir mientras le decia a mi cari: “Ves? eso es un Ferrari. Espectacular. Con dos cojones ” Massa me despista mucho, a veces es genial y otras no tanto. Pero lo mismo me pasa con Alonso y el error garrafal que cometió en su conducción. Aunque creo que Alonso merece otro coche (ojala sea cierto que se va a BMW Sauer, me encanta esa escudería, es mi segunda favorita), a veces es demasiado pasional y debe ser más frío.
Así que mientras dura el campeonato, todos los sábados y domingos estoy sentada ahí, esperando impaciente que se apaguen los semáforos y disfrutando del espectáculo de ver a esas fieras rugir.

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