A mi no me importa el dinero: lo verdaderamente importante es lo que puedo comprarme con él…

Magicos momentos misticos: Capitulo 1

Este medio día, mientras David y yo almorzábamos, he tenido una revelación: no era la única loca a la que le gusta tender la ropa recién lavada.  Es un mágico momento místico: el primero de la lista que me he decidido a contar. Pequeños momentos cotidianos, donde tu ser se diluye, se hace plástico, liquido y gaseoso: un cesto hasta los topes de ropa mojada y una ventana.

Allí estáis los dos: tu y tu colada. El tiempo se detiene, se transforma: es lino, es algodón, son sabanas y trapos de cocina. Es olor a suavizante y químicos. A limpieza, a colores vivos y a blancos blanquísimos, y te descubres oliendo la ropa, y esperando que aparezca el oso mimosón, en la mejor tradición de los anuncios en la TV.

Echo de menos las cuerdas de tender en los prados, entre la hierba más verde que he visto nunca y el cielo más azul que jamas vi. Me conformo con un par de naranjos y jazmineros* bajo el sol blanco de Sevilla, al arrullo de las palomas, los mirlos, los gorriones y otras aves no identificadas. Tengo dos ventajas evidentes, que paso a describir.

Ventaja evidente numero 1: en verano en menos de 1 hora se seca una lavadora de 5.5 k. Y en menos de media: 45 º al sol es lo que tiene.

Ventaja evidente numero 2: al no rozar las sabanas con la hierba más verde que he visto nunca, no hay que volver a lavarlas.  Que la hierba mancha y es muy difícil de  quitar, junto con la de chocolate y la de vino. Eso te lo dice cualquier anuncio de detergente con agentes activos. No compensa.

Retomo el tema que me disperso, como las manifestaciones ilegales: me había quedado con el cesto de ropa húmeda y frente a ti el reto:  las cuerdas para tender. Reto para el cual estás sobradamente preparado/a: demos gracias al creador del Tetris. No está lo suficientemente estudiado el impacto del Tetris en hechos tan cotidianos como tender, colocar los veinte millones de maletas y bolsas en el maletero de un coche pequeño y la ordenación de libros en estanterías cuando eres como yo y tienes demasiados libros para un piso.

Sacudir, estirar, revisar y colgar: tu cerebro y tu cuerpo  están coordinados. Tus habilidades espaciales están a prueba.  Vas tomando notas mentales, charlando contigo/a mismo/a: “Tengo que comprar pinzas para la ropa”,” ¿habrá algo interesante en la tele esta noche?”,” debería tirar este calcetín desparejao, es la tercera vez que lo lavo y no encuentro a su compañero” … ” joder Kara, esta sabana es horrible, no se como estuviste para comprarla. Y que podemos decir de este mantel.  Está claro que tu futuro nunca pasará por la decoración de interiores”. ” Mira guapa, mucho hablar, pero no he visto que tu hayas hecho una aportación fashion a la decoración”.  ”Shit, como se ha arrugado esta camisa, no? voy a tener que plancharla… ” ” Eso, cambia de tema, como si eso me fuese a distra… Se ha arrugado que no veas. Tenia que haberla lavado a mano. Voy a por un perchero para colgarla. Pero con lo arrugada que está…”

Con las últimas prendas sientes que ese mágico momento místico se acaba. El tiempo arranca de nuevo, apremiendote tras su perezoso letargo y empiezas a ser consciente de tu entorno. Y a tener prisa y a pensar en luego, en más tarde y en mañana. Cierras la ventana y esperas que no se te olvide que has tendido (me suele pasar, no me avergüenza reconocerlo), que no llueva mañana (aunque en Sevilla más que una posibilidad es un milagro) y que por los dioses de Kobol, que a las jodias palomas, los mirlos, los gorriones y otras aves no identificadas no les de por cagarse en la ropa limpia.

*lo admito, malas hierbas también, pero uno al clamor general: esas hierbas no son malas porque sí:  son victimas . Unas crian la fama y otros cardan la lana. Yo no quiero decir ná, pero lo que me han dicho del oregano no te dejaría ni pegar ojo. Una injusticia, eso es lo que es. Y no sigo por ahí, que me cabreo que no veas…

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