Cuando pienso en Pompeya, lo primero que me viene a la cabeza son los perros. Ahora son terminos ligados, unidos tanto al pasado de la ciudad, como al presente, a la vida y como no, a la muerte.
Porque en la desgracia de Pompeya no solo murieron personas, lo hicieron sus animales. Perros como el que inspiraron este mosaico, que es uno de los más me han gustado de los que he visto.

Y si las estatuas personas impresionan, por lo claro que podemos ver sus faciones, sus manos e incluso su ropa, en el caso del perro vemos tambien desesperación, y es mucho más aclarativo: este perro estaba realmente sufriendo.

Imagina mi alegría al ver a este otro durmiendo en lo que era la casa de putas de la ciudad. Estos perros si que saben… míralo, durmiendo a la sombra en el lugar más fresco de toda Pompeya (en el lupanar no necesitas imaginar el techo, lo han reconstruido), tal como lo hizo algún pariente suyo hace 2000 años.

El ciclo se ha completado. De algun modo, Pompeya sigue viva.

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