A mi no me importa el dinero: lo verdaderamente importante es lo que puedo comprarme con él…
Ayer, a pesar de ser domingo y adorar mi cama calentita sin el molesto ruido del despertador, me levanté con ganas y sin remolonear (al menos no demasiado), plenamente invadida por el espíritu democrático.
Tengo la suerte de vivir en una de las Comunidades Autónomas que renuevan su Parlamento. Y digo “suerte” porque, al margen de partidos políticos y elecciones personales, me siento muy afortunada de poder ejercer mi derecho constitucional.
Pienso en las mujeres que con su lucha lograron que yo pueda introducir mi papeleta en las urnas y contribuir a la votación con pleno derecho y autonomía, después de décadas escuchando argumentos como los que encontramos aquí: a la mujer no la dominaban “la reflexión y el espíritu crítico”, el histerismo no era una simple enfermedad, sino “la propia estructura de la mujer”. En fin…
Sufragistas españolas en 1931
Aunque pasados los años un domingo electoral ya no está considerado como algo fuera de lo común, para mí sigue teniendo un sentido muy especial.
Lo cierto es que en esta ocasión, ojeando los montones de papeletas de mi colegio electoral, encontré un partido que en su denominación abogaba por la defensa de la votación electrónica, abriendo así un pequeño debate entre las personas que me acompañaban: ¿Para cuándo un sistema seguro y fiable de voto electrónico en esta supuesta “era digital”?